Jardín de Luz Susurrante
Jardín de Luz Susurrante
Jardín de Luz Susurrante
Atravesé un prado de nácar,
donde el tiempo duerme descalzo
y las estrellas bajan a beber té.
Mis pasos flotaban,
como si el suelo supiera mi nombre.
El río cantaba con voz de cristal,
no prometía nada,
solo hechizaba.
Y yo, rendida,
aprendí a quedarme sin pedir.
Oh, cosa sutil, ¿dónde te deslizaste?
Mi cansancio brilla
como una linterna agotada.
Un árbol de sueños inclinó sus brazos,
me miró sin mirarme,
y entendí:
lo mágico no explica,
solo existe.
¿Fue este el lugar que amamos,
o un recuerdo inventado
para sobrevivir a la noche?
Si vienes,
ven en silencio.
Hablemos en ese rincón
que no tiene nombre
ni puerta,
solo las llaves de mi corazón.
Porque aquí,
en este prado de nácar,
las palabras cambian de piel,
las letras se abrazan distinto,
y el corazón,
aunque triste,
aprende a flotar.

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