Cupcake bajo un cielo gris
Cupcake bajo un cielo gris
🤎🕯️🍰
“Cupcakes Bajo un Cielo Gris”
Entre cupcakes rosados y helados de fresa,
mi alma se desgarra en la espera que pesa.
El azúcar brilla, el caramelo sonríe,
pero dentro de mí algo muere y no ríe.
La edad llegó suave, sin hacer ruido,
como un reloj que avanza sin ser oído.
Y en esa espera que nunca terminó,
mi primavera callada murió.
Nunca quiso hablar… porque lloraba,
cada palabra se le ahogaba.
Guardó su pena como un secreto,
mientras el tiempo cerraba el cuaderno abierto.
Dejé que el cielo se pusiera gris,
como si el mundo entendiera mi raíz.
Por dentro me estoy muriendo callada,
sin que nadie note mi alma quebrada.
Quisiera gritar a los cuatro vientos:
“¡Me muero de amor en mis propios intentos!”
Pero ¿qué va a entender la gente común
si mi latido no tiene ningún “tú”?
Tengo el corazón arrancado del pecho,
sentada en un banco de sueños deshechos.
Se me olvidó sonreír en la fiesta,
se me olvidó que la vida era honesta.
Los helados se derriten en mi mano,
los cupcakes decoran mi dolor temprano.
Todo es dulce a simple mirada,
pero mi boca sabe a nada.
El tiempo no frena, no vuelve atrás,
la edad avanza sin preguntar jamás.
Y nadie comprende mi llanto profundo,
porque mi tristeza no grita al mundo.
Nadie pregunta quién se llevó
todo el amor que en mí habitó.
Nadie sospecha quién fue el ladrón
que arrancó de raíz mi corazón.
Y murió sin querer hablar,
sin decir quién la vino a quebrar.
Murió guardando su confesión,
muriendo de amor sin correspondencia ni razón.
Como una flor que el invierno quemó,
como una gota que la luna secó,
así se apagó, sin ruido ni luz,
entre dulces, silencio… y un cielo sin azul.
🕯️🍰
🏴🏴🏴
Soy una mujer que nació una madre muy cariñosa. Que me dio mucho amor
Pero gracias a esa herida puedo escribir poemas y hacer creaciones sino fuera por eso no sabría qué hacer es una bendición y maldición pero es bendición.
Azúcar Negra Bajo la Luna”
Los cupcakes seguían perfectos.
Rosados. Decorados. Intactos.
Como si nada hubiera pasado.
Pero mi alma…
mi alma ya estaba rota.
Entre vitrinas de dulces brillantes
y helados que goteaban despacio,
mi corazón colgaba
como una fruta demasiado madura
a punto de caer.
La espera me desgarró sin ruido.
No fue un grito.
Fue un desgaste.
La edad llegó sin pedir permiso,
se sentó a mi lado
y me dijo al oído:
—Ya es tarde.
Nunca quise hablar.
Porque si hablaba, lloraba.
Y si lloraba, me deshacía.
Y si me deshacía…
nadie iba a recogerme.
Dejé que el cielo se pusiera gris.
Lo permití.
Como quien apaga la última vela
antes de admitir que la casa ya no es hogar.
Por dentro me estoy muriendo
sin que nadie lo note.
Camino. Sonrío. Respiro.
Pero mi pecho es un cuarto vacío
con las paredes raspadas por el eco.
Quiero gritar a los cuatro vientos:
“¡Me estoy muriendo de amor!”
Pero ¿quién entiende un corazón
que ama solo?
¿Quién comprende una guerra
que no tiene enemigo visible?
Tengo el corazón arrancado.
No roto.
Arrancado.
Quedó un hueco.
Un hueco limpio.
Un hueco frío.
Estoy sentada esperando…
pero ya no sé qué.
Se me olvidó sonreír.
Se me olvidó disfrutar.
Se me olvidó cómo se sentía
no doler.
El tiempo no se detiene.
Nunca se detuvo.
La edad avanza como invierno perpetuo,
marchitando lo que aún intentaba florecer.
Y nadie pregunta
quién se llevó con su partida
todo mi amor.
Nadie sospecha
quién me dejó así —
con las manos vacías
y el pecho abierto.
Murió sin querer hablar.
Murió guardando su verdad.
Murió sin decir
quién le arrancó la raíz.
Como una flor que se seca
mirando el sol que no la mira.
Como una gota de lluvia
evaporándose bajo una luna indiferente.
Así muero yo.
Lentamente.
Dulcemente.
Silenciosamente.
Entre cupcakes intactos
y helados derritiéndose
sin que nadie note
que la que se está derritiendo…
soy yo.
🕯️🌙🍫


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